Hacia el año 1995, mi padre y yo nos mudamos a nuestro nuevo hogar en una quinta en el Jirón Pazos, en la ciudad de Barranco, Lima; en el cual ya tenía unos séis meses de estar viviendo allí. Soy legionaria de María, una institución mariana de nivel mundial y tengo como costumbre además de rezar otras oraciones, el rezar el Santo Rosario diario, el cual solía hacerlo a las 5 am. En el pasillo de la entrada a la quinta había una urna conteniendo una escultura del Sagrado Corazón de Jesús, del cual desde el primer día que lo vi, me encantó y luego me enteré que los días jueves varias señoras de la quinta se reunían en torno a la imagen para rezar el Santo Rosario y por supuesto, yo también me sumé al mismo. En ese tiempo todas estaban muy preocupadas por la salud de una señora que siempre participaba en la oración desde que se mudara a la quinta, pero ahora se encontraba muy enferma, me enteré después que tenía un tumor cerebral por lo que tenía que pasar por cirugía. Todo ese tiempo estuvimos rezando por ella, y especialmente cuando fue operada. No obstante, yo no la conocía, porque ella no salía, por lo menos yo no la veía; pero, Mi padre me contó un día, que solía conversaba con ella a veces cuando pasaba a lado de su puerta, pues la señora vivía más adelante de nosotros, a unos escasos departamentos de ahí, y le decía a mi padre que ella me veía desde su ventana del segundo piso cuando yo salía muy temprano a trabajar diariamente, y también sabía que rezaba con las señoras por su salud. Pasaron los meses y luego que fue operada, la debieron trasladar a la casa de su hija que no hacía mucho que se había casado y vivía a unas calles de allí.
Fue entonces que una mañana, como todos los días, me senté en la cama sin hacer ruido a fin de que mi papá que tenia su cuarto contiguo al mío, pudiera seguir descansando mientras me ponía a rezar el Santo Rosario. Estaba empezando a orar en el interior de mi amplio dormitorio, que era de corte antiguo y con una claraboya en el centro del techo de madera, tenía cuadros de paisajes en las paredes, pero arriba de mi cama se encontraba un cuadro de la Inmaculada Virgen Milagrosa, cuando de pronto de la claraboya veo ingresar un pequeño rayo de luz que se dirige al espejo de mi ropero, el cual se encontraba a la altura lateral del extremo de mi cama.
Por un momento no le di importancia porque, en las noches de luna, a las 9 pm. se veía caer un rayo de luz por la claraboya que atravesaba el cuarto de arriba a abajo, lo cual me gustaba. Pero, un instante después me percaté que no podía ser un rayo de luna, porque el rayo no cae en diagonal y menos a esa hora, pues ya lo hubiera visto antes. No obstante, continué con las primeras oraciones del Santo Rosario, es entonces cuando de pronto algo me lleva a ver el espejo de mi ropero; y, aún en la penumbra pude observar como se formaba una neblina que se iba aglutinando; pensé que era una falla visual por la oscuridad de madrugada otoñal, y aunque había cierta iluminación por el reflejo de la luz de los faroles y estrellas del cielo que ingresaban por mi claraboya, no era suficiente. Me sobé ligeramente los párpados y los volví a abrir y seguí viendo que se hacía más grande, seguí creyendo que se trabaja de mi vista, y aunque preocupada por mi supuesto problema visual, continué rezando, y ya estaba en la mitad del primer misterio del Rosario, cuando sentí una presencia a mi lado, volteé y pude ver que se trataba de una mujer de edad mediana, le veo desde la cintura, o por lo menos es lo que creo ver porque estoy sobre mi cama; su cabeza está envuelta con una pañoleta que pareciera que le cubriese ligeramente los ojos, pero se puede ver perfectamente su perfil con nariz delgada y labios; ella tiene los brazos extendidos hacia mí, y con un brazo me sujeta el brazo derecho y con el otro, me sujeta el otro brazo, intentando sacarme de la cama, forcejea conmigo, yo sigo sosteniendo mi rosario; lo peor de todo es que no puedo hablar, no me sale la voz de la impresión; me hace doler el brazo izquierdo al cogerme con tanta fuerza y lo único que trato es zafar su mano de éste, pero rápidamente me coge de la cintura, lo que le facilita que yo pueda ser casi arrastrada de mi cama, y es en ese preciso momento de lucha que se me cae el rosario cerca a los pies. Hasta ese momento no tenía miedo, estaba confundida, creía que podía controlarlo, y no se me ocurrió pedir ayuda al Señor o a la Virgen Santísima, lo cual no puedo entender hasta hoy qué me sucedió para no hacer éso; y es que increíblemente ni siquiera reparaba en pensar que hacía esa mujer junto a mí, aún no concientizaba que se trataba de un espíritu, sólo me concentré en querer soltarme de ella. Sin embargo, al ver que parecía que intentaba llevarme, recién me llené de temor y sacando todas las fuerzas que pude, logré llamar a mi padre que estaba en el cuarto contiguo, gritando : ¡¡papá!! -entonces mi padre respondió con otro grito : ¡¡¿Que pasa?!! y encendió la luz de su habitación. Y entonces el espíritu al sentir el grito de mi padre volteó en dirección a su cuarto y nuevamente volteó hacia mí, y me soltó; a continuación retrocedió con los brazos extendidos, arrastrada por una fuerza, ante lo cual pude constatar que ella no tenía extremidades inferiores sino que se había extendido desde el espejo del ropero, similar a una "mujer elástica", introduciéndose al espejo para desaparecer. Mi padre llegó rápidamente a mi cuarto, me encontró alterada, con el corazón latiendo a mil, y al preguntarme lo sucedido, lo único que pude decirle ya que se me atascaba otra vez la voz, señalando al espejo : ¡¡fantasma!! Mi padre lo miró, poniendo un manto que encontró en una silla de mi cuarto, me dijo que debió ser una pesadilla; ante lo cual le enseñé el brazo y también parte de mi cintura, que se veía como piel presionada, y le dije : ¿ esto es pesadilla? Recién sentía un miedo terrible.
Mi padre me dijo que saliera a la sala mientras me prepararía un mate de anís. Y apenas entré a la sala para sentarme, sentí que tocaban la puerta despacio, me quedé en schok, ¿era el fantasma? volví a sentir el toque en la puerta y entonces, me apresuré aterrada a llamar a mi padre, quien se acercó y escuchó el toquido, abrió la mirilla de la puerta y vio que era mi vecina de la primera casa, una de las señoras con quien rezaba el Santo Rosario ante la imagen del Corazón de Jesús. Ella le dijo a mi padre que venía a avisarme que la vecina operada por la cual rezábamos, acababa de fallecer a las 5 am., según le había comunicado la afligida hija por teléfono; y es por éso que se apresuró a avisarme a fin de que pudiera ir a rezar el Santo Rosario al velorio que se iba a realizar en la misma casa de la hija donde había fallecido. Al principio, me rehusé a mí misma ir al velorio, no estaba en condiciones para acercarme a un velorio, pero en el transcurso del día me fui a ver a mi amiga que participa en la misma institución mariana que yo, le conté lo que me había acontecido y le dije si podíamos ir a rezar, pues es norma de la Legión de María rezar en velorios y como labor apostólica debe hacerse de dos en dos. Mi amiga aceptó y nos fuimos juntas a rezar a esa casa. Luego de la oración, me acerqué con ella a despedirme, pero antes algo me hizo acercarme al féretro, y al ver el rostro de la fallecida, ¡¡oh sorpresa!! era la misma mujer que estuvo en mi cuarto, mejor dicho, esa alma, era el mismo perfil de su rostro y tenía la pañoleta blanca en la cabeza, pues la difunta lo llevaba desde su operación al cerebro.
Este acontecimiento sobrenatural me demostró que las almas no son tan etéreas como se piensa, la que vino a mí, tenía materia y fuerza como una persona en vida. Desde ese día prefiero ya no rezar a las 5 am. La pregunta que me quedó es : ¿por qué el espíritu me jaló así?.
Pax et bonum,
Historia y cortesía de mariologia panaiya.

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