Hacía cerca de un mes de habernos mudado mi padre y yo, a nuestro nuevo hogar en la ciudad de Barranco, en la primera cuadra de Jirón Pazos, prolongación del famoso Boulevard de Barranco; cuando tuve un sueño muy extraño que nunca más se ha vuelto a repetir. Era de noche con escasa estrellas, a una hora muy avanzada; y, me encontraba caminando en medio de un descampado. A lo largo de éste y a cada lado, habían casas rústicas de adobe y de techo de tejas, se notaban de condición modesta pero también antiguas, no se encontraban juntas sino con cierta distancia una de otra. De pronto en medio del descampado, avanzaba desde el fondo, una gran procesión de personas indistintamente varones y mujeres, todos con hábitos encapuchados de color grises oscuros; iban al parecer rezando y cada uno de ellos portaban una vela en una de sus manos, se les notaba que todos ellos tenían un rostro pálido, enjuto. Al principio me pareció extraño que hubiera una procesión a esa hora, luego me sospeché que se trataba tal vez de una manifestación de ánimas benditas; y, con temor corrí alejándome de ellas.
Felizmente encontré en medio del descampado, una cruz simple de camino de tamaño mediano de color verdoso, que se alzaba sobre un pedestal de cemento. Me coloqué detrás de este pedestal con la cruz mirando desde allí a todo el grupo; la procesión se detuvo delante de éste pedestal por un instante, mientras yo rezaba un Padre nuestro y un Avemaría, luego de lo cual todas ellas en orden murmurando oraciones, se retiraron retrocediendo nuevamente por donde vinieron.
Cuando desperté estaba conmocionada, se veía todo tan real; entonces, le conté a mi padre quien me escuchó y quedó pensando. Al mediodía salió a comprar, aunque realmente fue a averiguar algunas cosas, porque me contó, que al caminar unas tres cuadras hacia arriba buscando una tienda, vio una cruz de camino, un Calvarito, que se encontraba en medio de una berma central de la cuadra, a esa altura había una bodega, y luego de comprar algunos productos en ella, se puso a conversar con la señora que atendía, que resulto ser la propietaria de la tienda, y él aprovechó de preguntarle sobre la cruz. La señora le contó que a principios del siglo XX, toda esa zonas era un descampado lleno de tierra, los moradores del lugar vivían en sus casitas rústicas de adobe con techo de tejas y otros de calaminas; éstos vivían atemorizados porque a partir de las 7 pm se encerraban en sus casas, porque al anochecer veían figuras fantasmales, seres demoníacos y en algunas noches, podían ver y escuchar la procesión de ánimas; pero lo más perturbador era que podían escuchar a una mujer llorando en la madrugada, que provenían de un canchón tapiado y que ahora era un local de una línea buses (actualmente ya no existe esa línea de buses). Los pobladores decidieron entonces poner a la altura de ese canchón tapiado, una Cruz de camino, un Calvarito sobre un pedestal, que durante el mes de Mayo lo hacían peregrinar de casa en casa; poniendo en su lugar una cruz mas pequeña verde sobre el pedestal, tradición que lo han continuado hasta la fecha, sus descendientes o sucesores que viven en el lugar. Y con la presencia de la cruz ya no se escuchaba a la mujer que lloraba ni las figuras demoníacas.
Además le dijo la señora que al final del jirón, desembocaba al Cementerio de San Pedro de Chorrillos. Mi padre al volver a casa me relató emocionado todo esto. Entonces, quise conocer la Cruz del camino y más adelante, también llegué a conocer la otra cruz que ponen en su lugar en el mes de mayo, comprobando que era igual a la que soñé. Posteriormente, quise saber si por ese mismo camino llegaba al cementerio y constaté que luego de 14 cuadras aproximadamente. desembocaba al Cementerio San Pedro de Chorrillos. Por tanto, me di cuenta que tuve un sueño premonitorio, el cual fue un viaje al pasado de ese lugar. Además, como cosas de la vida, 11 años después de esta eventualidad, mi padre fue a descansar en paz en ese cementerio.
Deo gratias ,
Historia y cortesía de Mariología Panaiya

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