Era el año 2003, a la sazón me encontraba caminando una tarde por el Jirón de la Unión de la ciudad de Lima, cuando entre tanta gente que iba y venía, pude ver claramente dirigirse hacia mí, una mujer blanca de mediana edad, más o menos alta y obesa, que a medida que se acercaba, con gran gesto fruncido en las cejas y ojos de odio, me sacó su lengua hacia abajo en gesto hostil, lanzando gruñidos guturales.
A medida que avanzaba, su lengua se hacía cada vez más larga : primero le llegaba al mentón y después le vi que le llegaba sobre su pecho; pensé inmediatamente que se trataba de una demente, y temí que me pudiera atacar, todo sucedió muy rápido, así que me hice a un lado, pero no dejé de mirarla para poder reaccionar ante cualquier movimiento agresor hacia mi persona; y, es entonces, que ella sin dejar de mirarme, pasó junto a mí, gruñendo y enseñándome su lengua que ya estaba cerca a su estómago; así, continuó caminando casi volteada sin dejar de verme; mientras yo, seguía caminando lentamente pero también no le quitaba la mirada, porque pensaba que si volvía mis ojos al frente o corría, ella aprovecharía de lanzarse sobre mí, o tirarme alguna piedra o cualquier cosa.
Es precisamente en ese momento, cuando pude observar sorprendida que su lengua le había llegado realmente hasta el ombligo; lo cual ya no me pareció humanamente natural. Pero lo que más me perturbó era que, la gente no se inmutaba, seguían caminando sin mirarla siquiera; pues, lo normal hubiera sido que se distanciaran de ella, o por lo menos hicieran un ligero ademán de alejamiento ante su escandalosa hostilidad; sin embargo, todos caminaban sin ver lo que estaba sucediendo ante sus ojos, realmente parecía que no la veían. Entonces, en cuanto ella me enseñó su lengua ya inmensamente alargada y gruñendo, se quedó quieta, desapareciendo entre la gente caminante. Ni siquiera la ví alejarse, y era más o menos alta, así que no podía desaparecer de mi vista en tan sólo un instante; sin embargo, así fue.
Yo también me detuve por un momento para observar hacia donde se había ido, es que tenía temor que pudiera haber enrumbado hacia otro lado y realizar alguna maniobra para golpearme o lanzarme algo; no obstante, ya no la veía, ya no estaba, se había esfumado.
Proseguí mi camino aún atemorizada, sin dejar de preguntarme el por qué me había sucedido aquello. La respuesta la encontraría un tiempo después, pero, ésa es otra historia.
Relato de Mariología panaiya , facebook
El mundo preternatural oscuro tiene sus sorpresas , ante esos fenómenos salvaguardarse usando los sacramentales.
Pax et bonum


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